Tempestad

SINOPSIS:
La Tempestad de William Shakespeare reinterpretada.
Después de un “Incrementum” lleno de mujeres, llega una “Tempestad” llena de hombres… 7 actores-músicos dan vida a más de 20 personajes de la obra de Shakespeare, en una adaptación sencilla, juguetona, llena de música, humor y teatro. La Tempestad es un espléndido tratado sobre los recovecos de la búsqueda del Poder y su ostentación. Todos los personajes, de manera más o menos evitente, se relacionan con él. Se trata del último texto escrito por Shakespeare, difícil de identificar en un género concreto, mezcla de tragedia, comedia y romance. Dirección de Sergio Peris-Mencheta, Ayudante de dirección: Pepe Lorente, y entre muchos otros, con una puesta en escena que creemos muy interesante, nos zambullimos de lleno en esta nueva producción de Barco Pirata con un elenco meramente másculino: Victor Duplá, Quique Fernández, Antonio Galeano, Xabier Murúa, Agustín Sasián, Eduardo Ruíz y Javier Tolosa.


 
 
 
 
 
 
 
 
 

FICHA ARTÍSTICA/ TÉCNICA:

DOSSIER PDF: Dossier TEMPESTAD

DOSSIER DE PRENSA: Notas de Prensa

DISTRIBUCIÓN

PRODUCCIONES TEATRALES CONTEMPORÁNEAS:
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“¡Esta isla es mía!”

Este texto de Shakespeare es un espléndido tratado sobre los recovecos de la búsqueda del PODER y su ostentación. Todos los personajes, de manera más o menos evidente, se relacionan con el PODER: Próspero es el señor de la isla, y Cáliban y Ariel son sus siervos. Era duque de Milán, pero su hermano Antonio le arrancó el PODER y lo echó al mar. Su historia es la de una venganza y la de recuperar el PODER perdido. Los nobles por su parte, están todos inmersos en tramas de PODER desde que llegan a la isla: desde el Rey que llora la pérdida de su hijo y por lo tanto de su descendencia, pasando por Antonio y Sebastian que intentan el regicidio, como Gonzalo que teoriza sobre como sería un estado republicano donde él, sin embargo, sería el Rey. Pero los ejemplos quizá más emblemáticos son los de Stéfano, Trínculo y Cáliban: el primero se nombra a sí mismo Rey de una isla de tres habitantes, y adopta a los otros como siervos. Cáliban por su lado, pretende recuperar el trono perdido a manos de Próspero con la ayuda de los otros dos, pero sometiéndose a su vez a unos nuevos amos. Y Trínculo observa la terrorífica metamorfosis de su amigo Stéfano, borracho de sueños de grandeza.

Un espectáculo para los sentidos

El espacio escénico, como si de un circo se tratara, sitúa al espectador alrededor de un círculo de tierra de unos 8 metros de diámetro en donde se va a representar la trama durante casi dos horas de espectáculo. El propósito es, de este modo, acercar al público a la acción y hacerle casi partícipe de lo que sucede visual y sobre todo, sensorialmente.
Tempestad es un espectáculo para los sentidos, en que el público desde su entrada se siente parte de la isla, pisa descalzo su tierra, siente la brisa marina en el rostro, saborea sus exóticas bayas, y se envuelve de la música que surge de las propias entrañas de la tierra, y los ruidos de los seres que habitan la isla.

Teatro “dentro del teatro dentro de la vida”

Northrop Frye identificó una vez a Próspero con Shakespeare, en un sentido altamente irónico, encontrando también en Próspero a “un actor-administrador acosado y exhausto de trabajar, que regaña a los actores perezosos, alaba a los buenos con un lenguaje de conocedor, imagina tareas para los ociosos, constantemente al tanto de su tiempo limitado antes de que empiece la función, para al final, salir a implorar el aplauso del público”.
En base a esta premisa se plantea esta Tempestad: los actores son personajes que actúan en una ficción que tan pronto parece realidad como se convierte de nuevo en un cuento que habla de la “VIDA” con mayúsculas. Cinco intérpretes masculinos, un técnico de sonido y un técnico de iluminación, darán vida a los 20 personajes de la obra, como si de un malabarismo circense se tratara.
Nota del director


La comedia llega a su supuesto final feliz, la ficción ha enderezado los entuertos y promete un futuro dichoso con el amor de los dos jóvenes.
Pero sabemos que todo es teatro; un sueño bello y prodigioso puesto en escena. Y al acabar la función, tenemos que volver a la realidad, una realidad que hasta ahora se nos ha escamoteado doblemente, porque hemos estado viendo teatro dentro del teatro.
Y todo vuelve a ser lo que era.
Los hombres no cambian. Los monstruos no cambian. Todo ha sido pura ficción, truco, teatro.
El mago abandona sus poderes para aceptar con melancolía la realidad, y a través de él, Shakespeare, dice también adiós a su fantasía, igual que Cervantes hace que Alonso Quijano se despoje del don de la locura.
Es el tránsito de la ilusión al desengaño.
Del arte a la vida.

SPM